Niños y adolescentes diagnosticados con TDAH. ¿MEDICAR O NO MEDICAR?

GENERACIÓN TDA

El TDA o trastorno por déficit de atención, una grave alteración del proceso atencional que afecta por igual a niños y adultos.

Hace 30 años, nadie había oído hablar de déficit atencional y, en consecuencia, ni siquiera existía el diagnóstico, pero hoy en día parece tratarse de una aflicción cada vez más extendida

La meditación tiene tanto que ver con el cultivo de la capacidad atencional, que no es de extrañar que nos proporcione pistas sobre el modo más adecuado de prevenir y tratar esa patología.  Pero también hay que decir que, desde la perspectiva proporcionada por las tradiciones meditativas, nuestra sociedad se halla aquejada de un trastorno de déficit de atención y de su versión más difundida y grave, el trastorno de hiperactividad con déficit de la atención (TDAH).  Por ello el perfeccionamiento de la capacidad de prestar atención y de mantenerla ha dejado de ser un lujo y se ha convertido en una tabla de salvación para recuperar lo que es más importante en nuestra vida y lo que más fácilmente perdemos, ignoramos, negamos o rechazamos, sin darnos siquiera cuenta de ello.

Resulta muy revelador  y trágico que tantos niños de hasta menos de tres años, reciban medicación para el TDA y el TDAH. ¿No han pensado en la posibilidad de que tal vez, si tales conductas no son normativas de esas edades y estrictamente hablando, sólo son normales en determinadas circunstancias, hay muchos adultos que enseñen a sus hijos a ser distraídos e hiperactivos? Tal vez el comportamiento de los niños, no sea más que el síntoma de una enfermedad mucho más profunda que aqueja en nuestra época, tanto a la vida familiar como a la vida en general, como probablemente ocurra también en el caso de la epidemia galopante de obesidad que afecta por igual a niños y adultos.

Quizás en algunos casos, los niños no padezcan TDA, a menos antes de disponer de teléfono móvil y de mensajería instantánea, quizás se trate simplemente de niños normales con un temperamento muy vital, pero que son percibidos y hasta diagnosticados como niños con trastornos educativos y desviaciones de conducta, como el TDA y el TDAH, porque los adultos ya no tienen tiempo, ganas ni paciencia para enfrentarse sistemáticamente a la desbordante exuberancia y a los retos normales que acompañan a la infancia.

Son muchas las personas que se ven arrastradas por sus circunstancias, aunque simultáneamente seas adictos a la velocidad a la que se desarrolla su vida. Hay otros, sin embargo, que no experimentan la tensión nerviosa y el desasosiego como algo insatisfactorio y nocivo.  De ahí se deriva la resistencia a enlentecer el ritmo de vida, a abandonarnos al momento presente y a atender las necesidades de nuestros hijos – necesidades, por otra parte, muy reales y cambiantes, pero no por que padezcan un trastorno de conducta, sino, simplemente porque son niños – cuando entran en competencia con las nuestras.

Pero, por encima de todo, quizás nuestros hijos estén sucumbiendo a una enfermedad adquirida por el hechos de vivir en hogares TDA, por acudir a escuelas claramente TDA, escuelas que se atienen a estrictos programas incorpóreos centrados en la transmisión de ingentes cantidades de información fragmentaria y desconectada del cuerpo, la mayoría de las veces. ¿Cómo podemos esperar que semejante iniciación les proporcione el equipamientos necesarios para abrirse paso en una sociedad manifiestamente TDA como la nuestra y les enseñe a conectar de la forma adecuada con el mundo laboral, con el mundo de las relaciones y hasta su propia vida? Basta con reflexionar un poquito en todo lo que hemos dichos, para empezar a tener algún que otro dolor de cabeza, cuando no un claro ataque da pánico.

¿Por qué NO MEDICAR a los niños con TDA?  Gracias a Rosina Uriarte

Hay varias razones para hacer este planteamiento:

  1. 1.      El diagnóstico de TDA es incierto. Con frecuencia escuchamos que: “Hay que hacer un buen diagnóstico, con todas las pruebas y exámenes neurológicos correspondientes para que haya certeza y el diagnóstico sea fiable”. Hasta este momento, no existe NINGUNA PRUEBA ni neurológica, ni endocrina, ni un estudio de imágenes, ni un examen de laboratorio que nos confirme que un niño (ni un adulto) tiene TDA. El diagnóstico es CONDUCTUAL resultando preocupante la cantidad de cuestionarios y test que han surgido con motivo del TDA, muchos de los cuales dan resultados poco fiables, abultando las cifras del diagnóstico. Ante un diagnóstico incierto y confuso no se debe optar por medicar a los niños sin probar antes otras alternativas.2. En segundo lugar están los posibles efectos secundarios. En relación a Strattera (atomoxetina) el laboratorio que la produce señala que 4 de cada 1.000 niños que ingieren esta droga puede llegar a tener ideas suicidas. A consulta psicológica llegan niños con ideas suicidas o con rasgos de depresión generados por este medicamento. Con el metilfenidato (Ritalín, Concerta, Rubifén, Medikinet) que es una de las drogas más utilizadas en el tratamiento del TDA ocurre que es una anfetamina, droga potencialmente adictiva aunque los defensores del uso de los fármacos en el TDA digan que no. El metilfenidato está catalogado como una droga similar a la cocaína. Todos los fármacos utilizados pora el TDA además, pueden producir otros efectos secundarios como dolor de estómago, inapetencia, trastornos en el crecimiento, tics, etc.3. Existen terapias alternativas que pueden brindar amplios beneficios a los niños con TDA, entendiendo por Terapias Alternativas todas aquellas intervenciones que, a través de agentes primarios no químicos pretenden mejorar la calidad de vida de personas tanto sanas como con algún diagnóstico de disfuncionalidad. Entre estas terapias pueden señalarse: bioterapia, reeducación conductual, terapia cognitivo-conductual, terapia visual, terapia auditiva, terapia de reorganización neurológica, etc. Cada niño recibirá la terapia correspondiente de acuerdo a los resultados de la evaluación psicológica practicada.Las terapias alternativas funcionan. Antes de empezar a tratar a un niño es indispensable practicar una evaluación psicológica exhaustiva que refleje las áreas de disfuncionalidad y/o inmadurez del niño, y sobre esa base se sugerirán cuáles son las terapias correspondientes.
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